




Wasapi guarda quién hizo qué y cuándo en toda tu cuenta: contactos, chatbots, campañas, líneas, permisos y configuración. Cuando alguien pregunta quién borró algo, la respuesta está ahí.


Puedes exigir verificación en dos pasos a todos los miembros de tu equipo, no dejarlo a criterio de cada quien. Quien no la tenga configurada, la configura al entrar.
Crea roles que se parezcan a tu organigrama de verdad: quién ve reportes, quién puede enviar campañas, quién administra líneas. Cada agente entra a lo suyo y a nada más.


Puedes decidir qué agentes ven y mueven oportunidades en cada embudo. Ventas no tiene por qué ver el embudo de cobranzas, ni al revés.
Wasapi respalda tus conversaciones y contactos de forma periódica, sin que tengas que acordarte. Si algún día necesitas volver atrás, el respaldo está.


Cada agente entra con su propio usuario, no con un celular compartido. Cuando alguien deja el equipo, le quitas el acceso y las conversaciones se quedan donde deben: en tu cuenta.
El control era un acto de fe: el WhatsApp de la empresa vivía en un celular que pasaba de mano en mano, y saber qué había pasado dependía de la memoria de alguien.
Cada cosa en su lugar: cada persona entra con lo suyo, cada acción queda registrada y la información se queda en la empresa.
