Sabe siempre quién hizo qué en tu cuenta

Wasapi registra cada acción con nombre y hora, te deja definir hasta dónde llega cada persona de tu equipo y respalda tus conversaciones de forma automática. El control de tu operación deja de depender de la confianza.

Empresas que han confiado en nosotros
Chat de sistema inteligente

Cuando el equipo crece, la confianza no alcanza

Con tres usuarios te enteras de todo. Con quince, no. Wasapi te da las herramientas para que el control no dependa de estar mirando: cada acción queda registrada, cada persona entra con lo suyo y tus conversaciones tienen respaldo.

Cada acción tiene autor y hora

Si alguien borra un contacto, cambia un chatbot o exporta una lista, queda registrado. Deja de ser una discusión de memoria.

El acceso se define una vez

Armas los roles según tu organigrama y cada agente entra a lo que le toca, sin permisos de más.

Nada se pierde cuando alguien se va

Las conversaciones son de la empresa, no del celular de quien renunció. Y hay respaldos automáticos.

Un pequeño tour en video

En este recorrido revisamos el registro de auditoría, activamos la verificación en dos pasos para toda la empresa y armamos un rol con permisos a la medida.
Así de simple: en pocos minutos tienes claro quién puede hacer qué, y un registro que responde por ti cuando alguien pregunta qué pasó.

Control de punta a punta, sin volverlo complicado

No hace falta un equipo de sistemas para tener una operación ordenada. Todo esto se configura desde la misma cuenta, con opciones que entiendes al leerlas.

Un registro de todo lo que pasa

Wasapi guarda quién hizo qué y cuándo en toda tu cuenta: contactos, chatbots, campañas, líneas, permisos y configuración. Cuando alguien pregunta quién borró algo, la respuesta está ahí.

Autor, fecha y hora en cada acción.
Filtra por persona, por fecha o por tipo de acción.
Cubre creación, cambios, borrados y exportaciones.

Verificación en dos pasos para toda la empresa

Puedes exigir verificación en dos pasos a todos los miembros de tu equipo, no dejarlo a criterio de cada quien. Quien no la tenga configurada, la configura al entrar.

Se activa para toda la organización de una vez.
Cada persona la configura la primera vez que entra.
Protege el acceso aunque se filtre una contraseña.

Roles a la medida de tu equipo

Crea roles que se parezcan a tu organigrama de verdad: quién ve reportes, quién puede enviar campañas, quién administra líneas. Cada agente entra a lo suyo y a nada más.

Roles propios, no una lista fija de tres opciones.
Permisos por módulo, no todo o nada.
Cambia el rol de una persona sin tocar a las demás.

Permisos también dentro de los embudos

Puedes decidir qué agentes ven y mueven oportunidades en cada embudo. Ventas no tiene por qué ver el embudo de cobranzas, ni al revés.

Cada embudo con su propia lista de acceso.
Separa equipos comerciales sin duplicar tableros.
Evita movimientos accidentales entre áreas.

Respaldos automáticos de tus conversaciones

Wasapi respalda tus conversaciones y contactos de forma periódica, sin que tengas que acordarte. Si algún día necesitas volver atrás, el respaldo está.

Se ejecuta solo, con la periodicidad de tu plan.
Incluye conversaciones y contactos.
También puedes pedir un respaldo cuando lo necesites.

Un acceso por persona, revocable en segundos

Cada agente entra con su propio usuario, no con un celular compartido. Cuando alguien deja el equipo, le quitas el acceso y las conversaciones se quedan donde deben: en tu cuenta.

Un usuario y una contraseña por persona.
Retiras el acceso sin perder el historial.
Las conversaciones son de la empresa, no del agente.

Un antes y un después

Antes de Wasapi

El control era un acto de fe: el WhatsApp de la empresa vivía en un celular que pasaba de mano en mano, y saber qué había pasado dependía de la memoria de alguien.

Una sola cuenta compartida por todo el equipo.
Nadie sabía quién había borrado o cambiado qué.
Cuando alguien se iba, se iba con el historial.
Permisos imposibles de separar por área.
Ningún respaldo si algo se perdía.

Después de Wasapi

Cada cosa en su lugar: cada persona entra con lo suyo, cada acción queda registrada y la información se queda en la empresa.

Accesos individuales con verificación en dos pasos.
Un registro que responde quién hizo qué y cuándo.
Roles y permisos a la medida de cada área.
Respaldos automáticos de conversaciones y contactos.
El historial se queda cuando alguien se va.

Porque atender bien es crecer mejor

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